Carismáticos con los amigos, insoportables con la familia - Gerson Morey

Uno de los males que la gente reclama, es que podemos ser muy carismáticos con nuestros amigos pero secos, fríos e indiferentes con nuestros familiares. Es increíble cómo podemos gozar de tanto favor con la gente, pero no la tenemos con nuestros seres queridos. Y no quiero que este artículo lo relacionen con las palabras de Jesús cuando dijo, “no hay profeta sin honra, sino en su tierra y en su casa”.
 
Más bien me refiero a la escaza disposición de algunos hombres, mujeres, y jóvenes en cuanto a llevar una buena relación con su círculo más intimo. En otras palabas, la relación entre esposos, padres hijos y entre hermanos.
He visto jóvenes muy carismáticos, alegres y joviales en su círculo de amigos, en sus escuelas o en la iglesia, pero en casa son aburridos, callados e introvertidos. Especialmente con sus padres y hermanos. Ha visto damas que en sus iglesias son muy atentas y amables con todo el mundo.  Espontáneas, pacientes, amigables y tolerantes, pero con sus esposos o hijos, son rígidas, intolerantes y secas. He visto esposos muy amenos, conversadores y cuidadosos de sus amistades. Son dóciles, pacientes y abiertos, pero en casa son como unas islas. Que no procuran el acercamiento ni el diálogo con su familia. Se irritan con rapidez, son intransigentes y poco creativos.
 
¿Doble cara? ¿Incapacidad para expresar afecto y atención a los nuestros? ¿desinterés? ¿Indiferencia? ¿Desgaste? ¿Poca consciencia de nuestras responsabilidades individuales dentro de la familia?
Seguramente, algunos de estos factores pueden influir en este tipo de conductas con nuestros familiares  cercanos. Pero quizás, una de las cosas que debemos recordar es que Dios desea que nuestras familias sean los primeros receptores de las cosas buenas que El pone en nosotros. Mejor dicho, si tenemos frutos, que los primeros en beneficiarse sean quienes nos rodean. Qué los primeros es testificar, sean ellos. No en vano, cuando Jesús tuvo un encuentro personal con varias personas, el primer lugar que visitaron fueron sus casas.
 
El ambiente y la atmósfera de nuestras casas, muchas veces es determinado o influenciado por el ánimo y la actitud de sus miembros. En lo bueno y en lo malo.
 
Que Dios nos de favor, gracia y carisma para ofrecerlo en nuestras casas. Para nuestros esposos, para nuestros hijos, para nuestros padres o hermanos. Qué la paz de Dios sea el resultado de un esfuerzo común entre los que componen la familia. Para que los de adentro digan, ¡Qué bonita familia!